Monday, October 23, 2017

Los judíos liberales estadounidenses y ese tan inconveniente consenso israelí - Jonathan Tobin - JNS



Las instituciones judías están bajo asedio en estos días, y sus principales críticos no son neonazis. A pesar de la clara inclinación hacia la izquierda de las organizaciones judías, los críticos liberales nos dicen constantemente que los grupos dominantes como AIPAC y las federaciones judías son organismos fanáticos de un gobierno israelí que está siguiendo unas políticas que los judíos estadounidenses aborrecen. El fermento en la izquierda va desde los más dóciles grupos sionistas liberales, y en gran medida irrelevantes, como J Street, hasta los grupos opositores más radicales como IfNotNow y el virulentamente antisionista Voz Judía por la Paz, que también introduce libelos antisemitas y apoya los boicots de Israel

Estos críticos y detractores reciben la atención de muchos judíos liberales. La razón de esto tiene más que ver con el colapso demográfico y el declive del sentimiento de pertenencia con un pueblo judío entre las denominaciones no ortodoxas que conforman el 90% de los judíos estadounidenses, que con las deficiencias del primer ministro israelí Netanyahu. Pero también es cierto que la mayoría de la comunidad judía estadounidense no ortodoxa tiene poca simpatía por las posiciones del gobierno israelí en el proceso de paz.

La idea promovida por el presidente Barack Obama de que Israel necesita ser salvado de sí mismo aún resuena entre la mayoría de los judíos liberales estadounidenses que votaron por él. Este punto de vista sostiene que la continua presencia de Israel en Cisjordania es el principal obstáculo para la paz, así como también para el futuro del estado judío. Pero aunque este consenso judío liberal estadounidense considera que Netanyahu es un problema, sus promotores rara vez se detienen a preguntarse por qué fue elegido primer ministro cuatro veces, incluido ganar las últimas tres elecciones consecutivas.

La respuesta es simple. Existe un amplio consenso dentro de la sociedad israelí que contradice las suposiciones de la mayoría de los judíos estadounidenses. La mayoría de los compatriotas de Netanyahu consideran sus políticas como la única respuesta posible ante una cultura política palestina que todavía se niega a aceptar la legitimidad de un estado judío, sin importar dónde se establezcan sus fronteras. Además, ese consenso israelí no es simplemente confirmado por Netanyahu y sus aliados, sus rivales en el centro y la izquierda también lo abrazan.

El último ejemplo de este hecho provino esta semana del nuevo líder del partido Laborista, Avi Gabbay. La Unión Sionista es una coalición de partidos que incluye a los laboristas, los cuales alguna vez fueron la facción dominante en la política israelí y la personificación de ese ethos de centro izquierda con el que los judíos estadounidenses tienden a identificarse, y a cuyos representantes de Israel les gustaría apoyar.

La Unión Sionista es el partido de la oposición más grande en la Knésset, y su número de posibles escaños en los sondeos ha ido en aumento desde que Gabbay derrotó al ex líder Isaac Herzog en unas primarias a principios de este año. Junto con Yair Lapid, del partido centrista Yesh Atid, él es el hombre que muy probablemente pueda reemplazar a Netanyahu en las próximas elecciones, suponiendo que Netanyahu sobreviva a las investigaciones sobre corrupción y pueda postularse nuevamente.

Pero en el tema que, además del pluralismo religioso, desacredita a Netanyahu a ojos de los judíos estadounidenses, Gabbay no ofrece nada muy diferente a las posiciones del primer ministro. Esta semana Gabbay dijo que no desarraigaría los asentamientos tras ningún acuerdo como parte de un acuerdo de paz con los palestinos. Si la paz fuera posible, él considera que los asentamientos deberían permanecer en su lugar. Eso es exactamente lo que Netanyahu, que compara el deseo de los palestinos y de sus partidarios foráneos de destruir las comunidades judías en Judea y Samaria con una limpieza étnica, también cree.

A principios de año, tanto Lapid como Herzog, el predecesor de Gabby, también dejaron en claro que ninguno de ellos veía una paz real como una posibilidad en un futuro previsible. Herzog pensaba que les llevaría 10 años a los palestinos demostrar que habían alterado suficientemente su cultura política para hacer posible la paz con un estado judío. Lapid dijo que les llevaría 20 años. Eso está en línea con la creencia de Netanyahu de que si bien la paz, e incluso la retirada de algún territorio podría ser algún día necesaria, cualquier movimiento de este tipo debe esperar un cambio radical en la sociedad palestina que rechace la violencia y la deslegitimación del sionismo.

Hay algunas voces en la izquierda que dicen que Lapid y Gabbay solo están postulando estas opiniones para obtener el apoyo de los votantes centristas y que, de hecho, seguirían políticas muy diferentes que implicarían retirarse de los territorios si fueran elegidos. Quizás tengan razón en esto. Pero si es así, eso simplemente demuestra que ambos líderes entienden que la mayoría de los israelíes aún ven más posibles retiradas sin un genuino cambio entre los palestinos como no solamente equivocadas, sino locas.

Pero la postura de Gabbay también plantea una pregunta más importante para los judíos estadounidenses liberales. ¿Acaso crees que sabes más sobre el conflicto que los propios israelíes? Es hora de que los judíos liberales estadounidenses muestren algo de humildad y reconozcan que la respuesta es no, y con mucho.

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Esas organizaciones liberales judías estadounidenses que han optado por el anti-israelismo



Justo cuando se pensaba que las cosas no podían ser complicarse más en el Centro para la Historia Judía (Center for Jewish History), un columnista del New York Times invitado a hablar en uno de sus actos ha desatado una andanada de ataques verbales contra Israel.

El columnista, Roger Cohen, fue invitado a pronunciar la Conferencia en Memoria de Leo Baeck de este año. El Instituto Leo Baeck (Leo Baeck Institute) es una de las seis organizaciones judías que operan desde el Centro para la Historia Judía. No asistí a la conferencia del Sr. Cohen el 15 de octubre. Pero en una entrevista previa a la conferencia con el boletín del Instituto Baeck, LBI News, Cohen arremetió violentamente contra Israel.

"De alguna manera", declaró, "los judíos, que durante milenios fueron humillados y excluidos en la diáspora, ahora se encuentran en una situación semicolonial en la que someten al pueblo palestino a gran parte de lo que alguna vez sufrimos".

"¿Cuánto de lo que sufrimos?", me pregunto. ¿Cámaras de gas? ¿Pogromos? ¿Ghettos? ¿Inquisiciones? ¿Cuál de estas realidades, exactamente, piensa Cohen que Israel ha utilizado en contra de los palestinos?

Pero no se detuvo allí. Cohen procedió a declarar: "La ilegalidad prevalece en los asentamientos". Otra mentira flagrante. Cualquiera que esté familiarizado con las comunidades judías en Judea y Samaria sabe que "anarquía legal" es una descripción absurda y escandalosamente falsa. Esas comunidades son legales, y la abrumadora mayoría de sus residentes son ciudadanos pacíficos y respetuosos de la ley.

Cohen continuó: "Los colonos votan como ciudadanos de Israel, mientras que los millones a su alrededor no pueden votar". Totalmente falso. Por supuesto, los árabes palestinos pueden votar, y votan cuando el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmoud Abbas, les deja.

Hace apenas cinco meses, el 13 de mayo de 2017, cientos de miles de palestinos supuestamente "privados de derechos" acudieron a 461 colegios electorales y eligieron a los miembros de los 391 consejos municipales y pueblos de aquellas partes de Judea y Samaria controladas por la Autoridad Palestina. Un total de 3.489 miembros de esos consejos fueron elegidos. Pero supongo que Roger Cohen no estaba prestando atención. Estaba demasiado ocupado acusando a Israel de negarle a los palestinos el derecho al voto.

Por supuesto, no se trata de que el Instituto Leo Baeck no supiera en qué se estaba metiendo cuando eligió a Cohen como su interlocutor. Él ha sido un crítico abierto de Israel durante mucho tiempo. En su columna del 10 de febrero de 2014, acusó a los israelíes de "mantener las botas en la cabeza de los palestinos". En su columna del 28 de enero de 2016, Cohen instó a las empresas de todo el mundo a tomar medidas para obligar a Israel a "cesar las actividades relacionadas con los asentamientos", en otras palabras, a boicotear a Israel. ¿Y quién puede olvidar su serie de artículos de 2009 blanqueando el antisemitismo en Irán?

Me resulta difícil creer que los líderes del Instituto Leo Baeck no conocían el historial de Cohen antes de seleccionarlo como su orador. Pero ya sea que conocieran o no de sus habituales ataques contra Israel en el pasado, ¿por qué consideraron necesario hacer circular sus últimos ataques contra Israel en su boletín informativo? ¿Por qué publicitar y legitimar sus diatribas contra Israel?

Una pregunta similar surgió recientemente cuando se reveló que otra institución del Centro para la Historia Judía, la Sociedad Histórica Judía Estadounidense (American Jewish Historical Society), estaba planeando un evento relacionado con la Declaración Balfour organizado por oradores seleccionados por el grupo antisionista "Voz Judía por la Paz".

No estoy asumiendo que el controvertido nuevo presidente del Centro para la Historia Judía, David N. Myers, tenga la culpa de las actividades de la la Sociedad Histórica Judía Estadounidense o del Instituto Leo Baeck. Son organizaciones autónomas que toman sus propias decisiones de programación y publicación.

Tampoco estoy sugiriendo que las personas que atacan a Israel deberían ser privadas de su derecho a la libertad de expresión. Por supuesto, hay muchas plataformas para personas que quieren denunciar a Israel. La pregunta que estoy planteando es si las principales instituciones de la comunidad judía deberían proporcionar plataformas para tales ataques contra el estado judío.

Los líderes de la American Jewish Historical Society decidieron, y eso les honra, que el programa antisionista sobre Balfour debía ser cancelado, ya que no era consistente con la misión de su sociedad. Tal vez la gente del Instituto Leo Baeck pueda aprender algo. La misión del Instituto Leo Baeck es "promover el estudio y la comprensión de la historia germano-judía". La comparación de Roger Cohen del comportamiento de Israel con el de los pasados perseguidores ​de los judíos - incluidos los judíos alemanes, obviamente - representa una gran distorsión de la historia germano-judía. La publicación del vitriolo anti-Israel de Cohen en el boletín del Instituto Baeck fue claramente inconsistente con la misión del instituto. El instituto debe reconocer su grave error en el juicio.

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Sunday, October 22, 2017

Grave y reveladora metedura de pata de la Autoridad Palestina - LPHinfo



La representación de la Autoridad Palestina en Colombia publicó un tweet en su web oficial citando a Yasser Arafat donde éste decía:
 "El fin de Israel es el objetivo de nuestra lucha, y no tiene en cuenta concesión y mediación... No queremos paz, queremos guerra, victoria" (captado desde la embajada de Israel en Colombia).
Curiosamente, el tweet fue eliminado unas horas más tarde, después de que el canal israelí Aroutz 1 reveló el caso.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel ha denunciado enérgicamente este tweet que "ilustra perfectamente el testamento de odio y muerte dejado por Yasser Arafat a sus sucesores". Por su parte, el embajador israelí en Bogotá, Marco Sermoneta, contactó con las autoridades colombianas para llamar su atención sobre esta publicación y que sean conscientes de que hay que creer lo que dicen los árabes palestinos cuando hablan de esta manera.

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¿Hacia dónde se dirige la izquierda israelí? - Mazal Mualem - Al Monitor


Avi Gabbay: Mis posiciones están enraizadas en la izquierda (dos zapatos derechos)

Las recientes declaraciones "derechistas" del presidente del Partido Laborista Avi Gabbay, y la renuncia el 18 de octubre de la líder del Meretz Zehava Gal-On a la Knesset, son dos facetas de la crisis más profunda que históricamente haya experimentado la izquierda de Israel.

Ostensiblemente, no hay conexión entre estos dos eventos políticos, que ocurrieron con los dos únicos partidos sionistas de la izquierda más o menos al mismo tiempo. Sin embargo, apuntan a la confusión dentro de la izquierda y a un esfuerzo continuada por liberarse de su ya larga irrelevancia para el público israelí.

Gabbay es más que una nueva figura en la política israelí. Él también es muy nuevo en la izquierda. Creció en la casa del Likud y decidió unirse al Partido Laborista en 2016, con el propósito explícito de ser elegido su líder para poder postularse para el puesto de primer ministro. Tiene una visión del mundo muy instrumental, orientada a los negocios, en lugar de una perspectiva más bien romántica, por lo que no está enamorado ni vinculado a las posiciones económicas o diplomáticas de la izquierda. Ciertamente, no considera que el Acuerdo de Oslo de 1993 sea sacrosanto e inviolable.

Gabbay apoya la solución de dos estados como una posición pragmática que concuerda con la cosmovisión básica del electorado de izquierdas. Fue en este sentido que hizo un comentario "izquierdista" la noche en que fue elegido, el 10 de julio, diciendo que es hora de que "el liderazgo cuide y se preocupe por Dimona (una ciudad periférica), y no solamente por Amona (un asentamiento evacuado)".

Han pasado unos tres meses desde entonces. En ese momento, Gabbay se dio cuenta de que hablar en contra de los asentamientos podría ganarle apoyo desde la izquierda, pero al mismo tiempo no hay duda de que lo mantendría alejado de la jefatura del gobierno. Su declaración del 14 de octubre de que no se juntaría en una coalición con la Lista Conjunta Árabe (un grupo de partidos muy predominantemente árabes), y otra declaración dos días después durante una entrevista con el Channel 2 en la que afirmó que no evacuaría los asentamientos como parte de un acuerdo de paz, procedían directamente del léxico político de la derecha.

De hecho, con estas declaraciones Gabbay pudo adelantar sin parpadear por la derecha al presidente del Yesh Atid, Yair Lapid, mientras dejaba atónitos a los miembros más veteranos de su equipo. La co-líder de la Unión Sionista, Tzipi Livni, de la cual el partido Laborista es el socio principal, se desasoció de sus comentarios sobre los asentamientos al aclarar inmediatamente que esa no era ni su posición ni la posición de la Unión Sionista. Sin embargo, a pesar de la conmoción que se produjo dentro del partido, Gabbay no se retractó de su declaración. En cambio, explicó que si bien apoya una solución de dos estados, también está buscando formas creativas para implementarla .

Desde el asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin en 1995, ni un solo líder del Partido Laborista se atrevió a desviarse del paradigma de la solución de dos estados, aunque el costo fuera muy claro: la partición de la tierra y de Jerusalén. En ese sentido, Gabbay acaba de cambiar de estrategia, y al hacerlo, redefinió la agenda diplomática del principal partido de izquierda de Israel.

Por el contrario, Gal-On representa la izquierda más comprometida y consistente. Ella encabeza un partido, el Meretz, con solo cinco escaños; sin embargo, en los últimos meses ha estado atrapada en una crisis de liderazgo del partido, que culminó en una convención del partido el 17 de septiembre que discutió su eliminación en un esfuerzo por traer sangre nueva. Los problemas dentro de Meretz son una expresión de la gran crisis que enfrenta un partido menor, que pasó todas las últimas elecciones luchando por sobrevivir, cuando incluso era incierto que pasaran el umbral del votante. La izquierda ideológica permanece atrapada en la crisis resultante del agotamiento del público israelí con unas negociaciones estancadas con los palestinos y la sensación de que no hay un socio del otro lado. Su electorado ha comenzado a abandonar el partido y Meretz está perdiendo relevancia.

Al darse cuenta de que tenía que hacer algo, Gal-On decidió renunciar a la Knesset y centrarse en la actividad política dentro del partido como su presidenta. Eso le permitiría convencer al comité del partido de apoyar unas primarias abiertas. Esto, piensa ella, refrescaría sus filas y rescataría al partido, que ella cree que está actuando más como un club privado.

Gal-On será reemplazada en la Knesset por el secretario general de Meretz, Moshe (Mossi) Raz, quien también es abierto de mente y es consciente de los problemas que enfrentan su partido y la izquierda. En una conversación con Al-Monitor, Raz dijo que es consciente de la necesidad de cambios en las posiciones del partido para hacer que el Meretz sea relevante. Al mismo tiempo, sin embargo, también dijo que los motivos de tales cambios deben ser más que un simple intento de complacer a los votantes. Aún así, Raz admite que se deben investigar las circunstancias cambiantes, "y hay espacio para replantearnos varias áreas clave, en un esfuerzo por perfeccionar nuestras posiciones. Entonces, por ejemplo, creo que las negociaciones con los palestinos están en quiebra, y debemos considerar otras opciones como el arbitraje internacional ".

La izquierda israelí siempre ha estado comprometida con la idea de que unas negociaciones con los palestinos es la única forma de lograr una solución de dos estados. En ese sentido, la declaración de Raz fue pionera. Representa una nueva forma de pensar, lo que también refleja la comprensión de que la izquierda ideológica debe adaptarse a las circunstancias cambiantes.

Desde la firma de los Acuerdos de Oslo, se ha dicho con frecuencia que la izquierda pierde en las urnas pero gana en la conciencia del público. El hecho es que la solución de dos estados se ha convertido en un elemento fijo entre el público como la única forma de llegar a un acuerdo de paz. Todos los primeros ministros desde Rabin han adoptado la solución de dos estados, incluido Benjamin Netanyahu. Durante su primer mandato como primer ministro Netanyahu implementó en realidad partes de los acuerdos (Acuerdos de Hebrón 1997).

En el 2000, el primer ministro Ehud Barak, que también era jefe del Partido Laborista, intentó llegar a un acuerdo con el líder de la OLP, Yaser Arafat, el cual incluía un compromiso sobre Jerusalén (segunda Cumbre de Camp David). El intento falló, y la segunda intifada estalló poco después.

Después de Barak, el primer ministro Ariel Sharon también adoptó la solución de dos estados e implementó la desconexión de la Franja de Gaza en el 2005. Como jefe del partido Kadima, el primer ministro Ehud Olmert dio el  paso más atrevido de todos. En sus negociaciones con el presidente palestino Mahmoud Abbas, Olmert acordó evacuar la mayoría de los territorios de Cisjordania y dividir Jerusalén.

Incluso Netanyahu declaró su apoyo a una solución de dos estados en su discurso de Bar Ilan, cuando regresó a la oficina del primer ministro en 2009. En los últimos años, sin embargo, con un Netanyahu más arraigado en el poder, las negociaciones con los palestinos llegaron a detenerse y el público se volvió hacia la derecha convencido de que no existía un socio palestino con quien hacer las paces. Sin embargo, los partidos de la izquierda continuaron aferrándose al viejo orden sin considerar ninguna alternativa. Y continuaron perdiendo relevancia.

Ahora que ha llegado a un punto tan bajo, la izquierda tiene el potencial de liberarse de esta crisis. Esto no significa abandonar la solución de dos estados. Sin embargo, hay espacio para hacer que su ideología se actualice. En ese sentido, Gabbay tenía razón al hacer lo que hizo. El problema es que parece obvio que en realidad le motivaron consideraciones electorales calculadoras y momentáneas, y poco más. Ahí es precisamente donde radica el riesgo.



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Los algoritmos del campo de la paz israelí - Gadi Taub - Haaretz



Los algoritmos del campo de la paz israelí, sin importar cómo los mires, toman como una suposición obvia que el movimiento Fatah en general, y Mahmoud Abbas en particular, aspiran a poner fin a lo que llamamos la "ocupación", en otras palabras el gobierno militar de Israel sobre los árabes en Cisjordania.

Esta es la base para el resto de sus cálculos. Pero tal vez tengamos que examinar esta suposición fundamental de vez en cuando, porque los palestinos han rechazado toda propuesta realista para poner fin a la ocupación y no han propuesto ninguna oferta realista propia, con la excepción, por supuesto, de su demanda de que Israel cometa alegremente suicidio al aceptar lo que ellos llaman "el derecho de retorno".

Es posible suponer, como comúnmente lo hace la derecha israelí, que en realidad demuestran tener una sed irracional de sangre, un odio ciego y una cultura que santifica la muerte. Yo no descartaría esta suposición, que parece tener cierta base en los hechos. Pero también sería apropiado mirar más allá hacia los fríos intereses, de los cuales también podemos aprender algo sobre las posibilidades de que el régimen de Abbas ponga fin al conflicto israelo-palestino.

Antes que nada, si el centro y la izquierda israelí tienen razón en sus afirmaciones de que un estado entre el río Jordán y el mar Mediterráneo significaría ahogar al sionismo en el binacionalismo, ¿por qué Abbas debería ofrecerse como voluntario para salvar el sionismo? Y de hecho, aquellos que no insisten en basar las cosas en un puñado de citas selectivas ("Después de todo, Abbas dijo que él no volvería a Safed") pueden tener la impresión de que los palestinos no han renunciado a su sueño de erradicar el sionismo, sino que solamente han cambiado las armas con las que sueñan hacerlo. No se trataría de un apocalipsis militar repentino, sino de una ola demográfica que emerge lentamente. La efectividad del arma demográfica depende, por supuesto, de evitar la partición de la tierra, por lo tanto si la ocupación llega a su fin, esa arma se desactivará.

En segundo lugar, está completamente claro que un líder palestino que renuncie al derecho al retorno, la piedra angular de la identidad nacional palestina, sería considerado un hereje. Es posible que el renombre de Yasser Arafat le haya permitido dirigir la pesada nave del ethos nacional palestino hacia un nuevo rumbo, pero la posición de Abbas entre los palestinos es mucho menos influyente. Parece que tal concesión lo marcaría para la eternidad como un traidor, y serviría como una sentencia de muerte.

Tercero, la temblorosa dictadura que es la Autoridad Palestina es retenida por los fusiles del IDF. En ocasiones hay todo tipo de alianzas ad hoc con Hamas, ahora por ejemplo, pero se derivan de una confluencia temporal de circunstancias.

Desde luego, a Abbas le resultará difícil olvidar lo que le sucedió a la gente de Fatah en Gaza en 2007, cuando Hamas consideró que era lo suficientemente fuerte. Entonces queda claro que para Abbas la única garantía estable que tiene de poder evitar que su gente sea nuevamente arrojada desde los techos de los edificios con los ojos vendados es la ocupación israelí. Si Israel deja Cisjordania, es casi seguro que no pasará mucho tiempo antes de que Hamas deponga a la corrupta AP, y es probable que lo haga de la misma manera bárbara en que actuó en Gaza.

En cuarto lugar, la supervivencia material de la dictadura de Fatah no depende del desarrollo de la economía, la cual ha sistemáticamente descuidado, excepto por el corto período en que Salam Fayyad fue primer ministro de la Autoridad Palestina. La supervivencia se basa en la ayuda financiera entregada a la Autoridad Palestina sobre la base de que los palestinos continúan en una situación de víctimas de la ocupación. Es muy probable que este flujo de dinero disminuya si la Autoridad Palestina se ve obligada a reemplazar la ocupación por la independencia y el victimismo por la responsabilidad.

Para que los algoritmos del campo de la paz continúen brindando esperanza para un acuerdo de paz, debe asumir que:
1. Abbas se ofrecerá voluntario para salvar al sionismo.
2. Aceptará pasar a la historia como un traidor a su propia gente.
3. Entregará el gobierno de Fatah y colocará su propio cuello sobre la gillotina del verdugo.
4. Renunciará a la situación de los palestinos como víctimas.
5. Tratará de cortar la rama económica sobre la que está asentado.
Me parece mucho pedir incluso a un gran líder, más aún a un monótono dictador.

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Actualizaciones de la política israelí: centrismo e izquierdismo - Shmuel Rosner


- Centrismo

En la primera mitad de esta semana, Israel estaba alborotada por las declaraciones del relativamente nuevo líder del Partido Laborista, Avi Gabbay. Especulando sobre una coalición gubernamental imaginaria, después de unas elecciones imaginarias seguida de una victoria imaginaria, Gabbay afirmó que no se asociará con la Lista Árabe para apoyar a su coalición. Especulando sobre un proceso de paz imaginario, con un acuerdo imaginario y con un socio imaginario, Gabbay también dijo que le gustaría que los colonos no sean evacuados, sino que se puedan quedar donde están.

Nada de esto tiene ninguna consecuencia inmediata sobre ninguna realidad con la que todos estemos familiarizados, y el hecho es que lo que los políticos dicen hoy puede variar fácilmente mañana (vean la evacuación de Gaza por parte de Ariel Sharon). Aún así, parece evidente que Gabbay estaba intentando una maniobra política. Está tratando de deshacerse de la imagen izquierdista del laborismo. Está tratando de moverse hacia el centro y robar votos al Yesh Atid de Lapid (y posiblemente también a los partidos de derecha más moderados).

¿Tendrá éxito? Es muy temprano para decirlo. ¿Podrá convencer a su partido de que acepte esa estrategia? La respuesta es sí, si muestra señales de funcionar. Si no, sus rivales dentro del partido rápidamente usarán estas declaraciones para decapitarlo (políticamente hablando). Una cosa parece clara: Gabbay, como todos los líderes de la oposición de todos los partidos de la oposición en el mundo (los demócratas también), se enfrentan a una elección: ¿intentar construir sobre la ira de la izquierda, en su odio hacia Bibi, y crear un marcada diferencia entre su ideología y la de la coalición gobernante? o bien ¿trasladarse al centro con la esperanza de atraer centristas e incluso algunos derechistas desilusionados, con la suposición de que la izquierda no tendrá más opciones que apoyarlo?

Gabbay eligió el centro. Tal vez porque está más cómodo allí (se unió a la arena política como un derechista moderado), tal vez porque cree que esa es la mejor estrategia. Sus votantes ahora deben decidir si aceptan su elección. Para algunos de ellos será claramente difícil.

- Izquierdismo

La segunda mitad de la semana estuvo dedicada al Meretz, el partido a la izquierda del laborismo. En el Meretz hay una batalla interna que se está desarrollando desde hace un tiempo. Mucho de esto es sobre el control del partido y las animosidades personales, pero también hay una pregunta interesante que el partido debe decidir: ¿debería abrirse en unas primarias o seguir siendo un partido controlado por un grupo mucho más pequeño de activistas partidistas?

La líder del partido, Zehava Galon, hizo un movimiento sorpresivo al renunciar a la Knesset. Ella es la que lucha por tener unas primarias abiertas, como dejó en claro al explicar su renuncia:

"Creo que debo invertir toda mi energía en la lucha por aumentar nuestro poder como partido y bloque político, abriendo filas a nuevas audiencias", escribió en una larga publicación en Facebook. "El Meretz no puede existir como un club cerrado que ignora a sus votantes y seguidores, y bloquea fuerzas adicionales para que no participen en nuestra lucha por inyectar nueva sangre en la izquierda".

¿Tiene razón al exigir tanto? Hay dos aspectos en esta cuestión: el basado en valores y el político. Aquellos que creen que tener primarias abiertas es el sistema más moral (más democrático, menos acuerdos de trastienda) apoyarán a Galon. Aquellos que piensan que las primarias son el sistema con menos valor (miembros menos fiables en la Knesset, un partido más populista) no lo harán. Luego está la cuestión política: ¿podrían las primarias atraer a más miembros y votantes al partido? ¿Y si el resultado de las primarias abiertas es una lista menos atractiva de candidatos?

Su renuncia al Knesset fue sorprendente, y parece revelar un elevado nivel de desesperación por parte de Galon, donde ella podría entender que se trata de una batalla por su futuro político. Pero al hacer algo tan dramático como eso, Galon fuerza la cuestión de las primarias sí o no de una manera que va a cambiar al partido pase lo que pase. O Galon gana, y el partido va a unas elecciones primarias, o ella pierde y el partido reemplaza a su líder, lo que también enviaría un mensaje claro a los votantes: el Meretz no se hará más democrático internamente.

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La Sociedad Histórica Judía Estadounidense cedió bajo la presión. ¿Bueno o malo? - Shmuel Rosner



- Sucumbiendo a la presión, un organismo judío cancela una obra que critica a Israel

- Dos programas anti-Israel cancelados en el CJH y AJHS

El primer titular es de la web izquierdista judía Forward. El segundo titular es de la web Arutz Sheva, de tendencia derechista. Ambos titulares son precisos. Pero el problema aquí no es la precisión, sino el punto de vista. La Sociedad Histórica Judía Estadounidense ha cancelado una obra que probablemente sea antiisraelí, y canceló un panel patrocinado por un grupo que también es antiisraelí. La Sociedad Histórica Judía Estadounidense cedió bajo la presión. La pregunta es: ¿uno lamenta tal suspensión o uno la celebra? ¿Se ve esto como una derrota (por la libertad) o como una victoria (por la cordura judía)?

Estos eventos no se cancelaron en el vacío - otra razón para la consternación o el regocijo -. Fueron cancelados en medio de duras críticas desde grupos de la derecha al nombramiento de un nuevo director ejecutivo para el Centro de Historia Judía. David Myers es visto por estos grupos como no apto para el trabajo debido a su participación en grupos como New Israel Fund y debido a sus críticas pasadas a Israel.

El nombramiento de Myers provocó un debate entre dos las facciones con unos puntos de vista muy determinados y poca tolerancia para la cosmovisión del otro lado. Myers fue denigrado por sus oponentes como si fuera la peor opción posible para cualquier trabajo, como si fuera el peor enemigo del pueblo judío. Myers fue defendido por sus seguidores como si su elección fuera la prueba definitiva del pueblo judío - hacer o morir -. A menudo se perdió una simple pregunta en el debate: ¿Son los puntos de vista de Myers sobre Israel relevantes para el puesto que ocupará? Perdido en este debate existe otra simple pregunta: ¿Myers, como jefe de una organización de este tipo, aceptaría la necesidad de que abstenerse de actividades y declaraciones que le volverían a él y a su institución indefectiblemente polémicos? (Sus respuestas a estas dos preguntas parecen razonablemente tranquilizadoras).

Los dos eventos cancelados llegaron en el peor momento para Myers y su organización, y el consejo de administración fue prudente al cancelarlos. Sí, estaba cediendo bajo la presión. Pero derrumbarse bajo presión no siempre es malo. La presión vino por una razón, y esta es la razón por la que muchos judíos, y yo también, nos sentimos incómodos ante unas instituciones judías que se conviertan en un organismo de moda para la propaganda antiisraelí. De hecho, no veo ninguna razón por la que el Centro de Historia Judía deba ser un centro de propaganda, a excepción de la propaganda cuyo objetivo es preservar las tradiciones y la vitalidad del pueblo judío.

La libertad de expresión no es realmente la cuestión aquí. El Centro de Historia Judía no está obligado a ser el hogar de obras de teatro y de paneles del tipo de los cancelados. Está obligado a ser, o al menos a tratar de ser, un lugar con el que se sientan cómodos tantos judíos como sea posible. Y esto significa un poco menos de nerviosismo y un poco menos de controversia. Significa poner más esfuerzos en convertirse en un lugar donde los judíos se unan, y no hay otro lugar más donde discutan sobre Israel u otros asuntos.

¿Puede el consenso estar de moda? Quizás el Centro de Historia Judía pueda conducirse de una manera que lo ponga de moda. Quizás David Myers pueda comportarse de una manera que lo ponga de moda. Esa sería una gran contribución para el pueblo judío.

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Monday, October 16, 2017

Un gran artículo: "El complejo judío" - Dror Eydar - Israel Hayom



1. No discutimos con los árabes de la región. Tampoco discutimos con los islamistas, ni con los europeos que provocan la discordia a través de las autodenominadas organizaciones de derechos humanos. No son nuestros enemigos. Discutimos entre nosotros mismos, luchamos entre nosotros hasta el punto de desgarrarnos. Nos arriesgamos a perder nuestra independencia por una idea que solo existe en la mente de los judíos.

Hace poco, me encontré con un erudito europeo que había venido a nuestra región para estudiar el conflicto israelo-palestino. En el pasado, sus artículos culparon constantemente a Israel por perpetuar el conflicto.

"Entonces, ¿qué te importa lo que pienso?", le pregunté. Y le sugerí que explorara los siguientes puntos: los líderes israelíes han presentado a los líderes palestinos una serie de ofertas para terminar con el conflicto. La oferta más reciente, propuesta por el entonces Primer Ministro Ehud Olmert, incluía una retirada israelí de Judea y Samaria, incluido el Valle del Jordán; el intercambio de territorio para constituir el 100% del territorio capturado por Israel en la guerra de 1967; la división o control conjunto de Jerusalén; una implementación simbólica del derecho palestino de retorno (que implicaría la repatriación de decenas de miles de palestinos, si no más) y una compensación por los refugiados. La oferta israelí está bien documentada en un documento presentado por el negociador palestino Saeb Erekat a los estadounidenses en 2009, al comienzo del primer mandato del presidente Barack Obama.

Las ofertas de Israel están bien documentadas, pero no hay registro de la totalidad de las demandas de los palestinos - demandas que dejarían el conflicto en reposo, lo que significa que, de cumplirse, satisfacerían a los palestinos hasta el punto de aceptar renunciar a cualquier demanda futura -.  Envié a mi amigo académico a buscar a cualquiera que estuviera dispuesto a divulgar oficialmente ese conjunto de demandas finales.

El segundo tema que le sugerí explorar fue la idea de los derechos a la tierra. Me atreví a sugerirle que encontrara a un solo árabe en este planeta que estuviera dispuesto a decir abiertamente que los judíos tienen el derecho legal a un vecindario propio en todo Israel. Asumiendo que toda la "Palestina" debe pertenecer legítimamente a los palestinos y que se debe reconocer como tierra santa e islámica, ¿existe un vecindario al que los judíos tengan un derecho legal? No propiedad de facto, porque ya estamos aquí y tenemos más poder militar, sino reconocimiento legal. Un barrio que sea completa y legítimamente nuestro.

Casi puedo garantizarte que fracasarás en la búsquedaa, le dije. Ustedes los europeos siguen discutiendo con nosotros sobre un acuerdo de paz que la otra parte ha rechazado por completo antes de que haya sido formulado. Cualquier acuerdo que consista en un estado palestino en las colinas de Judea y Samaria, incluso si incluye la Ciudad Vieja de Jerusalén, será rechazado en el momento de la verdad. Los palestinos no lo firmarán. Den un repaso a la historia y vean. Desde el Acuerdo de Faisal-Weizmann de 1919, nunca han aceptado una división del territorio. Pero nosotros, los judíos, estamos peleando entre nosotros, unos con otros, y culpándonos por el fracaso de los esfuerzos de paz. No fuimos lo suficientemente serios, nos acusamos a nosotros mismos. No hicimos una oferta lo suficientemente buena. Tenemos innumerables excusas.

Mientras estábamos en eso, le sugerí al erudito europeo que también explorara las actitudes de los árabes de la región hacia el derecho de retorno de los refugiados palestinos: las posiciones sostenidas por los ciudadanos árabes de Israel, los árabes de la Autoridad Palestina, los árabes de Gaza y por los propios refugiados palestinos. ¿Estarían dispuestos a resolver el problema de los refugiados solamente dentro de las fronteras de un futuro estado palestino? Interesante, respondió mi amigo, lo examinaré. Nunca regresó para contarme lo que encontró.

2. Antes de separarnos, le dije que los tres temas que mencioné eran parte de lo que se conoce como la "solución".

Pero antes de que podamos llegar a una solución, es importante definir primero algunas cosas: ¿Quiénes son las partes involucradas en el conflicto? Si el conflicto es entre dos movimientos nacionales que luchan por una franja de tierra, entonces hay espacio para discutir la división de la tierra entre ellos. No hay garantía de que puedan estar de acuerdo, pero al menos hay una base común que, para cualquiera que la busque, parecería ser una base lógica para una solución. Pero aquí también, me temo de hecho, solamente los judíos están comprometidos en un monólogo consigo mismos.

En varios momentos a lo largo de la historia reciente, la mayoría de los judíos aceptaron compartir la tierra y reconocer el derecho de los palestinos a un estado. Si bien es cierto que los judíos nunca estuvieron de acuerdo sobre cuánto territorio debería ser compartido, siempre hubo un acuerdo en principio.

No es así con el otro lado. Los árabes de Gaza, y los árabes de Judea y Samaria, y los árabes que tienen la ciudadanía israelí (al menos su liderazgo) se niegan a reconocer la nacionalidad de los judíos. Para ellos, ser judío es una religión, no una nacionalidad, y por lo tanto los judíos no tienen derecho a un estado.

Para las opiniones sostenidas por los árabes de Gaza, lean la Carta de Hamas: cualquier mención de los judíos no es como miembros de una nacionalidad, sino más bien como un demonio que se interpone en el camino del objetivo supremacista musulmán de imponer su dominio al mundo. El Islam se ve a sí mismo como el legítimo heredero de las religiones que lo precedieron, particularmente del judaísmo - la fuente original, antecedente del cristianismo -. La única forma de que los israelíes y los judíos del mundo podrían vivir es bajo el dominio islámico. Si no están dispuestos a vivir bajo la norma islámica, deben ser exterminados.

En cuanto a los árabes de la Autoridad Palestina, son árabes aparentemente seculares. Pero el Pacto Nacional Palestino establece específicamente que "el judaísmo, en su carácter de religión revelada, no es una nacionalidad que tenga una existencia independiente. Del mismo modo, los judíos no son un pueblo con una personalidad independiente. Son más bien ciudadanos de los estados a los que pertenecen". Así pues: no solo los judíos no son una nacionalidad, ni siquiera son un pueblo, son solamente un grupo religioso.

Esto parece sugerir que los judíos no tienen derecho a la autodeterminación nacional ni a un estado en el que puedan ejercer esa autodeterminación. De hecho, el artículo 20 del Pacto Nacional Palestino comienza: "El reclamo de un vínculo histórico o espiritual entre los judíos y Palestina no concuerda con las realidades históricas, ni con los constituyentes de la estatalidad en su verdadero sentido".

Para las opiniones sostenidas por los árabes israelíes, lean el documento de posición compilado por el Alto Comité de Seguimiento Árabe. que caracteriza a Israel como una "etnocracia" (un estado gobernado por un grupo étnico definido por medio de la religión) que es el producto de un complot colonialista de las élites judías-sionistas de Europa y Occidente, las cuales forzaron una ciudadanía en un estado judío". El argumento principal del documento de posición está en contra de la caracterización de Israel como Estado judío.

3. La diputada árabe israelí Hanin Zoabi habló recientemente en Washington en un instituto palestino con la inocua denominación de "The Jerusalem Fund". Allí, ella explicó sus opiniones sobre Israel. Sobre este tema, hay un consenso muy próximo entre su partido, la Lista Árabe Conjunta. Zoabi atribuyó el despertar nacionalista de los árabes israelíes a los Acuerdos de Oslo que, según ella, intentó resolver el problema de los "árabes de 1967" y descuidó el problema de los "árabes de 1948". Esta lucha, dijo ella, se entiende que es para "cambiar el carácter del estado" (de modo que ya no se caracterice como un estado judío).

"No es suficiente que Israel se retire de Gaza y Cisjordania", dijo Zoabi. "El sionismo también debe retirarse de la región".

A Zoabi se le preguntó acerca de la obvia contradicción entre la exigencia de los árabes de ser reconocidos como una nacionalidad palestina distinta, al mismo tiempo que se negaba vehementemente a ofrecer un reconocimiento similar a los judíos.

"La respuesta que damos es que los judíos no son una nacionalidad. Entonces no pueden hablar de una autodeterminación de los judíos, sino solamente de los israelíes. Pueden tener autodeterminación, pero no como un estado judío, solo como un estado laico y democrático... que además deberá respaldar el derecho al retorno [palestino], garantizando la igualdad y, por supuesto, terminar con el asedio y la ocupación".

Pero los judíos no aprenden. Pelean entre ellos por una solución imaginaria y organizan marchas y mítines, y escriben un millón de artículos que demuestran su propia culpa, mientras que la otra parte permanece sorprendida por lo ingenuos que son.

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Sunday, October 15, 2017

Occidente a Israel: "Haced lo que decimos, no lo que hacemos" - Daniel Krygier - Mida



El pueblo judío ha tenido diferentes estándares a lo largo de gran parte de su historia. Por lo tanto, no es sorprendente que el estado judío también tenga distintos estándares. En un debate con la destacada periodista israelí Caroline Glick, el ex embajador de Dinamarca en Israel, Jesper Vahr, hizo la siguiente y sincera observación sobre las relaciones entre Europa e Israel:

"Israel insiste en que le discriminamos, en que le aplicamos dobles raseros, pero esto es porque ustedes son uno de los nuestros". Por "uno de los nuestros" el embajador danés se refería a las democracias occidentales.

Esta actitud tan común entre la élite política europea, revela más sobre Europa que sobre Israel y el Oriente Medio. Mientras que la Europa postcolonial afirma ser el campeón del "antirracismo", muestra un profundo racismo condescendiente con unas bajas expectativas hacia los estados musulmanes y árabes, los cuales son percibidos como niños eternos que no pueden ser considerados responsables de sus acciones.

Las declaraciones del embajador Vahr también revelan la sistemática hipocresía europea hacia Israel. A diferencia de la mayoría de los países europeos, Israel pertenece a un grupo exclusivo de países que han mantenido un sistema democrático desde sus inicios. La democracia de Israel continúa prosperando a pesar del hecho de que el estado judío está sujeto a una agresión sistemática que habría demolido a la mayoría de las democracias. Por lo tanto, Israel no necesita conferencias europeas sobre democracia y derechos humanos.

Europa dio abrumadoramente la bienvenida a la eliminación del architerrorista Osama Bin Laden. "Un mundo sin Osama Bin Laden es un mundo mejor. Su odio era una amenaza para todos nosotros", dijo el ex canciller de Suecia Carl Bildt . El primer ministro de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, resumió la posición europea: "Felicito al presidente Obama y al pueblo estadounidense por su éxito a la hora de terminar con la era de violencia y destrucción inescrupulosa e inhumana de Bin Laden"

Por el contrario, la eliminación de Israel del jefe terrorista de Hamas, el jeque Ahmed Yassin, fue condenada por el mismo Occidente que elogió la eliminación de Bin Laden. El ex ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Jack Straw, articuló esta profunda hipocresía antiisraelí:

"Todos entendemos la necesidad de Israel de protegerse a sí mismo del terrorismo que le afecta - y su pleno derecho a hacerlo - dentro del derecho internacional. Pero no tiene derecho a participar en este tipo de homicidio ilegítimo y lo condenamos. Es inaceptable, no está justificado y es muy poco probable que alcance sus objetivos".

El jefe de política exterior de la UE, Javier Solana, agregó su voz a la habitual hipocresía antiisraelí:

"La posición de la Unión Europea ha sido condenar de manera consistente... los homicidios. En este caso particular, creo que nuestra condena debería ser más fuerte. Este tipo de acciones no contribuyen en absoluto a crear las condiciones de paz, las condiciones de diálogo, que son necesarias en este momento".

¿Pero qué hace que sea "legal" eliminar a Bin Laden e "ilegal" eliminar al jefe de Hamas que tenía numerosas vidas de civiles israelíes en su conciencia? Ni el Sr. Straw, ni el Sr. Solana ni ningún funcionario occidental actual han ofrecido ninguna respuesta.

Si bien las fuerzas de la OTAN han asesinado a más civiles de forma no intencionada que el IDF, Israel es la única democracia occidental que es sistemáticamente criticada por el uso de una fuerza "desproporcionada" y "excesiva". Si bien pocas voces serias equipararían a la UE y los EE.UU con Al Qaeda e ISIS, los críticos occidentales de Israel sistemáticamente establecen una falsa equivalencia moral entre Israel y sus genéricos despóticos enemigos.

Israel es investigado por más falsas acusaciones de "crímenes de guerra" que el resto de las democracias occidentales combinadas. El infame informe Goldstone de la ONU no hizo distinción moral entre el Israel democrático y el Hamas genocida. No se ha producido ningún informe similar de la ONU contra ninguna otra democracia occidental.

Cuando la OTAN mató accidentalmente a 18 civiles, incluidas mujeres y niños, en una boda en Afganistán, no hubo llamamientos para investigaciones de "crímenes de guerra" o condenas de "fuerza excesiva".

Pocos funcionarios occidentales han sido más hostiles hacia Israel que la actual ministra de Asuntos Exteriores de Suecia , Margot Wallström, quien infamemente exigió una investigación sobre las "ejecuciones extrajudiciales" israelíes en un momento en que una ola de terrorismo árabe estaba atacando a civiles israelíes. El 22 de octubre de 2015, la policía sueca mató a Anton Lundin Petterson, de 21 años de edad, quien asesinó a tres inmigrantes con una espada y un cuchillo en una escuela en la ciudad sueca de Trollhättan. La policía sueca reivindicó la autodefensa y ni Wallström ni ningún funcionario sueco exigieron una investigación sobre "ejecuciones extrajudiciales".

En su web, la BBC declara su posición con respecto al término terrorismo: "Intentamos evitar el uso del término "terrorista" sin atribución. Cuando usemos el término, deberíamos esforzarnos por hacerlo con coherencia con las historias que informamos en todos nuestros servicios, y de una manera que no socave nuestra reputación de objetividad y precisión". La BBC sistemáticamente se niega a usar el término terrorismo cuando los civiles israelíes son las víctimas, pero no muestra las mismas inhibiciones cuando los blancos atacados son británicos, europeos y estadounidenses.

Mientras Occidente nunca toleraría que miles de cohetes cayeran sobre Nueva York, Londres o París, condena hipócritamente a Israel por defenderse contra los ataques con cohetes contra Sderot, el aeropuerto Ben Gurion, Tel Aviv y Haifa.

Gran parte de Occidente ve la amenaza nuclear iraní principalmente como un "problema judío". Esto explica por qué la mayoría de los gobiernos europeos defienden el acuerdo nuclear con Irán y hacen negocios ávidamente con Teherán. Por el contrario, los gobiernos occidentales defienden las sanciones contra una Corea del Norte nuclearizada, que sí consideran una amenaza universal.

El mismo Occidente que rechaza una presencia judía en Judea y Samaria, permite el control británico de Gibraltar y las Islas Malvinas, el control danés de Groenlandia y el control francés de Córcega y Martinica.

El verdadero problema no es que Occidente espere más de Israel que de las dictaduras del Oriente Medio, sino que Occidente espera más de Israel que de sí mismo.

Los críticos anti-Israel tienen razón cuando niegan que Israel esté sometido a un doble rasero. El estado judío está sometido a un triple rasero: hay un rasero que se aplica a las dictaduras árabes musulmanas, otro a Occidente y el tercer y el más duro rasero solo se aplica a Israel. Aquellos que demonizan y distinguen a Israel no son impulsados ​​por el deseo de mantener la democracia de Israel sino por el deseo de terminar con la independencia nacional judía.

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El acuerdo de unidad palestina "libaniza" Gaza y alimenta su disputa con Israel - Debka



Irán y sus aliados libaneses son los grandes ganadores del acuerdo de reconciliación palestino firmado por las facciones rivales Hamas-Fatah el jueves 12 de octubre en El Cairo. Fue el jefe de operaciones terroristas de Hamas contra Israel, Saleh Arouri, quien firmó el acuerdo por su partido. Pospuso su regreso al departamento de lujo que Hizballah puso a su disposición en el suburbio chiita de Dahya, en Beirut, para permanecer durante una semana más para discutir puntos que aún están pendientes.

El acuerdo de unidad palestina se puede dividir típicamente entre la versión pública diseñada para el consumo popular y el texto secreto, que es el más realista. Todas las partes del acuerdo se confundieron en esta presentación para desdibujar la contradicción entre el acuerdo publicado y su implementación inevitablemente disfuncional.

Desde el principio, el líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, calificó al acuerdo como "el final de la ruptura", a pesar de que a su representante Ahmed Azzam se le impidió secretamente partir a su casa en Ramallah, o incluso a su hotel de El Cairo, hasta que lo firmó.

Los funcionarios estadounidenses se contentaron con expresar su esperanza de que el acuerdo alivie la crisis humanitaria de Gaza, sin más comentarios. Y las fuentes en Jerusalén dijeron que no tenían nada que decir hasta que Hamas reconozca al Estado de Israel y desaparezca su ala militar, un enfoque totalmente irrealista que probablemente logre el efecto inverso.

Tanto los Estados Unidos como Israel no realizaron la menor protesta ante la presencia de un jefe terrorista en la firma del acuerdo de reconciliación entre las facciones palestinas rivales. Entonces, ¿para qué ofrecieron los EEUU una recompensa de 12 millones de dólares por información que condujera a la captura de dos jefes terroristas de Hezbolah, Talat Hamiyah y Fouad Shukr? Saleh Arouri, que vive en el elegante vecindario de Beirut gobernado por Hezbolah, probablemente gestiona regularmente la coordinación entre las redes terroristas de Hezbolah y Hamas.

Entonces, ¿en qué manos caerán las armas pesadas y los aviones de guerra que Washington suministró al ejército libanés "para combatir al ISIS", cuando es un secreto a voces que Hezbolah controla al ejército libanés?

Incluso el ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, tuvo que admitir esta semana - aunque de mala gana - que el ejército libanés no era más que un ala de Hezbolah y totalmente bajo su control.

El asentimiento estadounidense e israelí a una "libanizada" Franja de Gaza se explica mejor como el resultado de su incapacidad de evitar que Siria sea controlada por Irán y su títere libanés.

En cuanto a la Franja de Gaza, mientras la Autoridad Palestina se compromete a desplegar 3.000 efectivos de seguridad en las fronteras y cruces del enclave, Hamas mantiene intacto su brazo militar de 20.000 efectivos, las brigadas Ezz e-din Al-Qassam, que puede abrumar a esos efectivos procedentes de Ramallah en cualquier momento. Pero lo más importante, la Autoridad Palestina tiene el papel de proporcionar a la fuerza terrorista de Hamas una línea de defensa contra Israel.

También en el sur del Líbano, el ejército libanés y las fuerzas de la ONU, el FPNUL, destacan por proteger las fortalezas de Hezbolah contra el ejército israelí.

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Carta al Forward: "No tenemos derecho a decidir el destino de los israelíes" - Eliott Brumer



Estimado editor,

Después de leer varios artículos sobre las divisiones entre los judíos americanos sobre Israel, el sionismo, los asentamientos y similares, tengo una pregunta: ¿Por qué realmente nos importa tanto?

Ha existido un elefante en la habitación desde que se estableció Israel. En ningún momento desde sus inicios los estados musulmanes han abordado y acordado, en ninguna ocasión, vivir con Israel en medio de ellos, independientemente de cuál fuera la facción judía que prevaleciera. Estoy seguro de que todos estamos de acuerdo en que Israel es necesario como un lugar de refugio donde puedan dirigirse los judíos si fuera necesario. El Holocausto nos demostró eso. Pero para los árabes, nunca fue cuestión de un estado judío y un estado palestino. Simplemente no querían ningún tipo de estado judío bajo ninguna forma. A menos que todos tengamos la intención de mudarnos allí, dejemos que los israelíes tomen la decisión de lo que es mejor para ellos y para su defensa. Ellos son los que tendrán que pagar el precio.

Eliott Brumer

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¿Somos realmente una tribu? - Michael J. Koplow



A medida que llega la estación anual de la reflexión judía con el Rosh Hashaná, al pensar en el año pasado continúo regresando a la división entre los judíos estadounidenses e israelíes. Es un tema que he desarrollado en el pasado, pero al que no puedo evitar volver. A pesar de todo lo que ha ocurrido durante este año civil judío, desde la elección de Donald Trump a la Resolución de Seguridad de la ONU 2334 y las investigaciones sobre el Primer Ministro Netanyahu, sospecho que la división entre judíos estadounidenses e israelíes se ensanchó este año en una crisis real que será, en última instancia, el elemento más impactante de 5777. No tengo un argumento principal que quiera transmitir sobre este tema, sino más bien una serie de observaciones interrelacionadas que, esperemos, proporcionen algo de reflexión en estas festividades.

En primer lugar, la crisis precipitada por la cancelación del compromiso del Muro Occidental puso de relieve la brecha religiosa existente entre los judíos estadounidenses y los judíos israelíes, y las formas en que el pluralismo religioso es una verdadera línea divisoria entre las dos mayores comunidades judías del mundo. Para muchos judíos estadounidenses, el hecho de que Israel no reconozca oficialmente ninguna forma de judaísmo distinto del judaísmo ortodoxo es una afrenta continua a su sistema de creencias, por lo que un asunto aparentemente menor como una plataforma mixta de oración de género se ha convertido en un asunto mayor.

Pero el hecho de que fuera la práctica religiosa la que llevó a la explosión no debe ocultar el hecho de que la brecha entre los judíos estadounidenses e israelíes es mucho más que la forma en que uno observa el judaísmo. También hay un abismo político que va más allá de las cuestiones palestino-israelíes o incluso del tratado de Irán. Las visiones de mundo y las preferencias políticas de la mayoría de los judíos estadounidenses y de la mayoría de los judíos israelíes están en desacuerdo. La mayoría de los judíos estadounidenses expresan su incredulidad ante el hecho de que los israelíes sigan eligiendo coaliciones derechistas que devuelvan a Netanyahu al poder, y no puedan comprender el apoyo y el aprecio que los israelíes demuestran por Trump. Por otro lado, la mayoría de los israelíes están horrorizados ante el hecho de que los judíos estadounidenses apoyen a políticos que consideran insuficientemente solidarios con Israel, y se duelen ante unos judíos estadounidenses que hablan y opinan desde sus hogares sobre temas que tienen como principales implicados a los judíos israelíes. En cierta forma, el griterio ocasionado por la congelación del acuerdo sobre el Muro Occidental y el rechazo de las conversiones no ortodoxas han facilitado el encubrimiento del hecho de que existen cismas políticos y filosóficos tan importantes como el que afecta al pluralismo religioso.

Esto lleva a mi segunda observación, que es que las cuestiones que se interponen entre los judíos estadounidenses e israelíes no sólo tienen que ver con la práctica y la filosofía, sino con la empatía y una comprensión básica. Es engañoso postular que los judíos israelíes miran con desdén a los judíos conservadores y reformistas americanos porque han rechazado su práctica judía, o bien que los judíos norteamericanos han evaluado las prioridades políticas y gubernamentales israelíes y han decidido que están relativamente fuera de control o que bordean el populismo antidemocrático.

Los israelíes no tienen la capacidad de rechazar las tradiciones y prácticas no ortodoxas porque no tienen experiencia de ellas, y apenas las conocen. El judaísmo ortodoxo tiene un dominio sobre la vida religiosa israelí en un grado tan elevado que, las prácticas religiosas seculares de los israelíes y los acontecimientos del ciclo de vida israelí, caen también bajo el paraguas ortodoxo, tanto si desean o no acoplarse con el judaísmo como religión. No entienden por lo tanto los fundamentos del judaísmo conservador y reformista al estilo americano porque resultan tan extraños para ellos como lo es el hinduismo para la mayoría de los judíos estadounidenses, por lo que resulta fácil desacreditarlo y criticarlos, aparte de un sorprendente nivel de ignorancia.

Del mismo modo, la mayoría de los judíos estadounidenses no conocen de primera mano la experiencia israelí o el sistema político israelí, y muchas de sus críticas proceden de una ignorancia inocente pero trágica de lo más básico de lo que realmente sucede en Israel. Tengo curiosidad por saber cuántos judíos estadounidenses conocen qué porcentaje de israelíes votó por el Likud - y por llevar al poder a Netanyahu directamente - en las últimas elecciones, o el margen de los escaños de la Knesset del bloque de la derecha sobre el bloque político de la la izquierda.

Los judíos estadounidenses de casi todos los sectores políticos glorifican al IDF, pero debido a la ausencia de una experiencia militar similar en los EEUU, no pueden comprender la forma en que el servicio militar obligatorio y el legado de un terrorismo rutinario palestino conforma la perspectiva política de muchos israelíes. Esto no significa que las críticas a la política de Israel estén fuera de lugar, solamente que no hay una suficiente estimación de cómo los desafíos únicos de Israel y las experiencias únicas de Israel conforman el estado y la sociedad de Israel.

Existe incluso una insularidad entre los estadounidenses que se trasladan a Israel y los israelíes que se trasladan a los Estados Unidos que contribuye a todo esto. Los judíos estadounidenses que hacen aliyah frecuentemente viven en comunidades angloamericanas, viajan en círculos de amigos que crecieron en los Estados Unidos, siguen siendo culturalmente americanos de muchas maneras y, a veces, pueden vivir en Israel durante décadas sin tener que dominar el hebreo, replicando barrios americanos que han creado dentro de Israel. Aquí, en los Estados Unidos, es común ver como los israelíes se mueven a comunidades donde viven muchos israelíes - en mi propio rincón de los suburbios de Maryland, hay un "kibutz" y un "moshav" - donde socializan solamente con otros israelíes, hablan hebreo por todas partes, e incluso no obtienen un conocimiento de la experiencia judía americana a menos que envien a sus hijos a una escuela judía. No estoy seguro de que la masa crítica de judíos estadounidenses que viven en Israel o los israelíes que viven en los Estados Unidos, experimenten a sus países adoptados de una manera que les dé un mayor entendimiento de la psique nativa.

En tercer lugar, es precisamente debido a esta falta fundamental de comprensión de cómo vive la otra parte y el conjunto completamente diferente de preocupaciones diarias que acosan a cada grupo, que la brecha entre las dos comunidades no va a cerrarse, a pesar de las predicciones de que los cambios demográficos en curso curarán la división. Los miembros del actual gobierno israelí tienen desde hace mucho tiempo una teoría que suaviza la crítica de los judíos liberales estadounidenses, estimando que representan una laguna histórica que durará un par de décadas, hasta que el matrimonio mixto y la asimilación dejen a la comunidad judía estadounidense más comprometida en manos de los ortodoxos mucho más hálcones. Una vez que esto ocurra, piensan que Israel ya no tendrá que lidiar habitualmente con las críticas judías norteamericanas sobre el conflicto israelí-palestino, o incluso sobre los derechos en Israel de los judíos no ortodoxos que no son ciudadanos israelíes. Esto también se basa en el hecho de que la demografía en Israel también está cambiando, con el sionismo religioso en pleno ascenso y los ortodoxos cada vez más prominentes en todas las facetas de las instituciones políticas y de seguridad israelíes. En ese sentido, unos dominantes judíos ortodoxos en los Estados Unidos hermanados con unos dominantes judíos ortodoxos en Israel eliminarán gran parte de la mala sangre que ha surgido entre las comunidades judías estadounidense e israelí.

El problema con esta teoría - que se basa en una predicción de la decadencia de las comunidades no ortodoxas en los Estados Unidos que puede suceder, pero que también ha sido erróneamente predicha durante décadas - es que los judíos ortodoxos en Israel y los judíos ortodoxos en los EEUU están separados por mucho más que 6.000 millas y el Océano Atlántico. Un editorial escrito por un padre moderno ortodoxo y anónimo, con cuatro miembros en la familia, y del área metropolitana de Nueva York, detallando la forma en que los costos de "ser judíos" le habían llevado a la bancarrota, se volvió viral la semana pasada, pero el aspecto que me pareció más interesante fue la forma única de ser un ortodoxo americano que traslucía. Las cargas financieras más gravosas que el autor enumeraba eran: la matrícula de la escuela diaria, el coste efectivo que imponía vivir a poca distancia de una sinagoga ortodoxa en un suburbio inevitablemente rico de una importante ciudad costera americana, el campamento judío de verano y la comida kosher.

Si bien este particular padre de familia ortodoxo americano podría entrar en cualquier sinagoga ortodoxa de Jerusalén o Modi'in y sentirse como en casa, su experiencia de vida sería todavía completamente ajena a la de un padre moderno ortodoxo israelí sentado en la misma fila. Ninguno de esos gastos o la carga financiera asociada con una vida judía observante y comprometida en los Estados Unidos se aplica a los judíos ortodoxos en Israel, y significa que incluso dentro de los subgrupos judíos que atraviesan la división nacional - en este caso entre los judíos ortodoxos - todavía existe una enorme divergencia de experiencias, preocupaciones y prioridades. Esto convierte la brecha entre judíos americanos e israelíes con estilos de vida y experiencias comunes en no tan simple después de todo.

Hace un par de meses, Yehuda Kurtzer escribió el artículp más inteligente que he leído hasta ahora sobre este tema al pedir explícitamente que "tomemos más en serio las evoluciones independientes de los judíos estadounidenses e israelíes, y su correspondiente divergencia de caminos, rechazando las polémicas teorías de causalidad, y reconociendo la necesidad de unos enfoques sistémicos para reconstruir la relación". El artículo de Kurtzer iba dirigido a los líderes judíos comunitarios y filantrópicos, mientras estoy pensando en una esfera política más grande, pero el punto esencial sigue siendo válido. No sé cuál es la respuesta exacta, pero a mi juicio está más allá de pensar que tiene sentido considerar a los judíos estadounidenses e israelíes como dos partes de un todo unificado, en vez de como comunidades aliadas que tienen mucho en común pero no siempre - ni siempre debe estarlo - unidos en una misma onda.

Si 5777 puede llegar a representar el punto más bajo en las relaciones entre las dos partes, en lugar del comienzo de una nueva normalidad, entonces los judíos estadounidenses e israelíes deben embarcarse en un proyecto conjunto que busque entenderse mejor, articulando un conjunto de intereses y preocupaciones comunes, y estableciendo y gestionando las expectativas de una manera más realista y honesta.

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La falsa paz entre el Partido Laborista y los judíos - Howard Jacobson - NYT



Del 23 al 27 de septiembre, el Partido Laborista celebró su conferencia anual en Brighton, Inglaterra, creyendo que tenía el viento en la espalda. Los Tories están en pleno desorden sobre el Brexit. La primera ministra Theresa May está tremendamente enferma por heridas autoinfligidas, y de cualquier manera su probable sucesor - Boris Johnson o Jacob Rees-Mogg - será un bufón.

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, fue hasta hace poco criticado por los que dudaban de él dentro de su propio partido como un político del pasado, pero ahora es venerado por esa misma razón. Y por él sonaron las canciones en Brighton, se agitaron las pancartas y los laboristas marcharon hacia el pasado con el lema de Shelley: "Para muchos, no para pocos".

Pero hay una mosca en el ungüento: el antisemitismo. Cómo el laborismo ha sustituido a los viejos conservadores en el rol de enemigos de los judíos es una historia que no se puede contar brevemente, pero como algunos de los consejeros más cercanos del Sr. Corbyn, parece un regreso a la época de Stalin.

Consciente de la críticas, aunque nunca parezca tomarlas realmente en serio, el Sr. Corbyn organizó su propia investigación hace un año. Sharmishta Chakrabarti, una ex directora del grupo de derechos humanos Liberty, la llevó a cabo de una manera breve y de mala calidad. La investigación de la Sra. Chakrabarti habló con muy pocas personas que acusaban al partido de antisemitismo e investigó aún menos sus argumentos.

Señaló una "atmósfera tóxica ocasional" en el partido y recomendó desterrar las analogías con Hitler y los nazis cuando se hablaba de Israel. No dejar de pensar en nazi, sino simplemente dejar de hacerlo en público. Y eso fue todo más o menos. En respuesta a la continua crítica de los judíos, el Sr. Corbyn elevó a la Sra. Chakrabarti a la nobleza.

Así pues, la Conferencia de Trabajo concluyó que no había ningún señal de antisemitismo, ya que el partido se acercaba cada vez más al centro y los modestos consejos de la Sra. Chakrabarti sobre Hitler y los nazis habían sido atendidos. Aún  así, hubo llamamientos a que algunos grupos judíos dentro del laborismo fueran excluidos del partido (por su proximidad a Israel), se entregó un documento apoyando la afirmación de Ken Livingstone, el ex alcalde de Londres, de una colusión entre judíos alemanes y nazis, e inclusive se propuso una moción para poder cuestionar la verdad del Holocausto.

A modo de apoyo a los críticos, se adoptó una norma de advertencia contra una conducta que podría ser perjudicial para el partido, reprobándose la hostilidad a la discapacidad, la reasignación de género, la asociación civil, el embarazo y la maternidad... y el antisemitismo. Pero la condena del sionismo fue tan febril como siempre y cualquier judío - en particular cualquier judío israelí - dispuesto a unirse a ese antisionismo podía contar con una ovación de la sala puesta en pie. Ningún hombre es un profeta en su propia tierra, pero un israelí antisionista es todo un héroe en éste mundo.

Si los argumentos eran antiguos, la perspectiva del poder les daba nueva urgencia. En un momento que vivirá en la infamia, el distinguido director de cine Ken Loach defendió cuestionar el Holocausto. "Creo que la historia debe estar abierta a todo tipo de discusión", afirmó tratando de esquivar la cuestión de por qué el Partido Laborista debería haber elegido el Holocausto, de todos los acontecimientos históricos - y no la esclavitud, por ejemplo - como objeto de un posible escrutinio sin limitaciones. Pero sabemos la respuesta a eso. Cuando la temperatura política aumenta, el extremismo se convierte en una indulgencia permisible. Todas las cosas de repente parecen posibles; en la euforia no hay nada que no se diga.

George Eliot escribió un ensayo sobre la condición de los judíos a finales del siglo XIX, titulado "The Modern Hep! Hep! Hep!", una referencia al grito de los cruzados mientras recorrían Europa aniquilando las comunidades judías que aparecían en su camino. Hep representaba "Hierosolyma Est Perdita" - Jerusalén es destruida. Hep! Hep! Hep!

Cuando un ejército vengador va de camino, no hay ningún control sobre su júbilo en busca de justicia y sacrificio. Los delegados del partido laborista son apenas cruzados, pero el soplo de la lujuria de la sangre se eleva incluso en Brighton.

Pero para el señor Corbyn y los más cercanos a él se muestran malhumoradamente indiferentes. El Sr. Corbyn se desvía a su manera con tal de no usar la palabra "antisemitismo", y cuando se ve obligado a condenarlo invoca la plausibilidad de que el Partido Laborista se opone a todo tipo de racismo y discriminación. El "todo" es importante. Enterrar el antisemitismo entre ofensas como la intimidación y el acoso sexual es una forma de esquiva para igualar cosas que no son iguales, y en el proceso se aseguran de que el antisemitismo rara vez es privilegiado con una mención propia.

Hay método en esta evasividad. Negar implícitamente la existencia del antisemitismo - como algunos continúan negando el Holocausto - es convertirlo en una fantasía enfermiza autofabricada por los judíos, una patología cuya función es romper la posibilidad de la crítica antisionista. Que los judíos invocan el antisemitismo principalmente para silenciar a los críticos de Israel es un embuste rutinario y cansino, pero sigue siendo utilizado como medio defensivo. Y sirve a un propósito: difama a los judíos como mentirosos en el acto de protestar contra la supuesta inocencia de tal ofensa. Y si el antisemitismo es una quimera, entonces el antisionismo, tan a menudo confundido con él, no tiene nada de lo que disculparse después de todo.

Desesperados por ganar cualquier tipo de concesión de los laboristas, algunos judíos británicos se han conformado con una falsa paz. Absténgase los laboristas de un discurso manifiestamente antisemita, invocando la malignidad de nuestra apariencia y ambiciones, y les permitiremos su antisionismo. Pero el acuerdo está comenzando a desenredarse, algo que parecía obligado. Porque la verdad es que no puedes mantener a los judíos fuera del sionismo.

Una ignorancia histórica intencional sostiene el antisionismo. En algunos relatos los israelíes abandonan un claro cielo azul en 1967 y ocupan la Ribera Occidental, en otros el sionismo es una ideología relativamente reciente siempre disputada dentro de la propia sociedad judía. Lo que se oculta es la historia de 2.000 años de judíos que regresaron al país del cual habían sido exiliados, ya sea en respuesta a los anhelos de una patria, a orar donde habían orado una vez, o para encontrar un lugar de seguridad.

En 1862, el socialista Moses Hess, colaborador de Karl Marx, publicó "Roma y Jerusalén", un argumento a favor de los judíos ya que todos los otros intentos de vivir libres de persecución habían fracasado. Regresar a esa "patria ancestral inalienable" estuvo en la mirada judía durante milenios. "Ningún pueblo moderno que se esfuerce por tener una patria propia", continuó Hess, "puede negar al judío la suya, al menos sin cometer un suicidio moral".

El sionismo fue, tal como lo resume una frase de Simon Schama, un movimiento de gestación prolongada para una "transformación regenerativa", más espiritual que política, y no en absoluto la aventura imperialista que los antisionistas le acusan de ser. Una gran ambición, obligada a perder su brillo cuando declinó en las banales y a veces crueles exigencias de la estatalidad, pero ¿podemos odiar una cosa en retrospectiva porque no nos gusta en lo que se convirtió? Y si lo odiamos, ¿dónde está nuestra comprensión de la desesperación que lo hizo necesario?

Lo que hay que insistir es que el sionismo - la idea, no los acontecimientos políticos a los que ha dado lugar - es parte integral de la mente y la imaginación judías. Aquellos que dicen estar en contra del sionismo, pero no de los judíos, están hablando de enigmas. No es el judío el que necesita verse a sí mismo ajeno al antisionismo, es el antisionista quien tiene que preguntarse qué es lo que alimenta su fervor y si, en su supuesta justa rabia, está cometiendo lo que Moisés Hess denominó "suicidio moral". Hasta entonces, el lema del Partido Laborista seguirá leyendo: "Para los muchos, no para los judíos".

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Críticas a la doble moral de los demócratas ante el escándalo sexual de Weinstein - Manuel Erice - ABC





Las denuncias de acoso sexual contra Harvey Weinstein, uno de los grandes mecenas de Hollywood y «superproductor» que atesora hasta seis Oscar a la mejor película, ha desatado un terremoto político capaz de conectar las dos costas de EE.UU. Su condición de poderoso donante demócrata, financiador de las campañas de Barack Obama, Hillary Clinton y de casi todos los destacados demócratas con ambiciones, durante sus tres décadas de poderío financiero, rompe las costuras del mundo liberal. Entre Manhattan, donde «The New York Times» lanzó hace diez días la exclusiva informativa sobre sus presuntos y continuados abusos contra jóvenes actrices que se abrían paso, y Los Ángeles, donde los actores políticamente más combativos con el mundo conservador se resistían a criticar a uno de sus iconos, el Washington político hierve ahora en medio de las denuncias republicanas contra la doble moral de su eterno enemigo político. Con el FBI por delante, la Administración Trump ha abierto una investigación.

Como si no quisiera despertar de la pesadilla, la mayor parte de los líderes demócratas tardaron al menos cinco días en desfilar por los medios para condenar los desmanes de Weinstein. El 5 de octubre se hacía pública la escandalosa conducta de quien Meryl Streep, la actriz liberal más significada políticamente contra Trump, llegó a calificar de «Dios» hace bien poco. Un grupo de senadoras, encabezado por Elizabeth Warren, fue la avanzadilla mínima de una reacción de condena que se demoraba. Kellyanne Conway, asesora de Trump en la Casa Blanca, preguntó en Twitter cómo Hillary Clinton «tardaba días en denunciar lo que fueron cinco minutos» en el caso de su rival republicano.

Tímidamente, el Comité Nacional Demócrata, órgano de gobierno del partido, se comprometió a devolver 30.000 dólares de los 300.000 que había recibido del magnate de Hollywood. Un gesto parcial que aprovechó el Comité Nacional Republicano para disparar con bala: «Si los demócratas están tan a favor de la causa de las mujeres como dicen, no debería ser un problema para ellos devolver todo el dinero sucio».

Como un reguero interminable, casi todas las campañas demócratas de relevancia se habían nutrido de las arcas del patrón de las causas liberales. También, las de Obama y Hillary Clinton. No fue hasta el 10 de octubre, en plena ebullición del escándalo y en medio de un ruidoso silencio, cuando el penúltimo matrimonio presidencial y la excandidata a la presidencia emitieron sendos comunicados de desmarque y condena.

El icono liberal de Hollywood fue donante de campaña de todos los dirigentes demócratas. Los Obama, «disgustados», exigían la rendición de cuentas para «un hombre que degrada y desprecia a las mujeres». La ex-candidata a la presidencia decía sentirse «conmocionada y horrorizada», al tiempo que tachaba el comportamiento de «intolerable». El matrimonio mantuvo durante años una relación cercana a Weinstein, a quien se contabilizaron trece visitas a la Casa Blanca. Este mismo año, la hija mayor de los Obama, Malia, trabajó unos meses como becaria en Weinstein Company, el emporio cinematográfico del que ha sido despedido ahora por sus socios el mismo que lleva su nombre. El último presidente estadounidense había recibido de él nada menos que 600.000 dólares para sus campañas electorales. El esfuerzo financiero de Weinstein para que Hillary llegase a la Casa Blanca fue aún mayor: 1,4 millones de dólares, que no fueron suficientes para alcanzar el éxito electoral.

En un país ideológicamente tan polarizado como EE.UU., donde la división política se ha convertido ya en radical división mediática, las críticas han alcanzado a periódicos y comunicadores de televisión. Al liberal «The New Yorker» se le acusa de haber guardado en el cajón durante más de un año denuncias concretas contra Weinstein de actrices con nombres y apellidos. La misma publicación que había encabezado durante dos años la investigación de la saga de escándalos sexuales en el seno de la televisión conservadora Fox News, dirigida por el recientemente fallecido Roger Ailes. El prestigioso semanario se defiende alegando que no lograron «la suficiente confirmación de fuentes para publicarlo». «The Hollywood Reporter», influyente periódico de entretenimiento, también tuvo que excusarse esta semana por no haber dado cuenta de lo que había sido durante años un secreto a voces en el mundo hollywoodiense.

Los dardos de la crítica han alcanzado también a algunos de los significados presentadores de los llamados «late night», programas de entretenimiento nocturnos muy seguidos en EE.UU., a quienes se acusa de fijación con el mundo conservador y con Trump, pero una sátira casi nula hacia el mundo liberal. El escándalo sexual de Weinstein no ha merecido alusión alguna para los célebres Jimmy Kimmel y Stephen Colbert, dos de los más seguidos. Azuzado por los reproches de los medios afines al actual presidente, Kimmel decidió defenderse con un ataque y difundió en Twitter el vídeo obsceno que persiguió a Trump la pasada campaña electoral.

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La "reconciliación" palestina y el nuevo reparto de papeles

¿El triunfo de la Ortodoxia Moderna? Echen un vistazo a los números - Shmuel Rosner



El 28 de septiembre, un estudio detallado sobre el estado de la ortodoxia moderna judía en América fue publicado por Nishma Research. Es un estudio interesante que comienza con su lucha por definir quién es un "ortodoxo moderno"... y no es una pregunta fácil, y termina con los muchos números que proporciona.

¿Qué aprendimos de ella? Aprendimos cosas que ya sabíamos... por ejemplo, que la mayoría de ellos guardan el Shabbat y comen comida Kosher. Aprendimos también que es una comunidad materialmente muy exitosa. Los ingresos de las familias ortodoxas modernas son altos - el estudio encontró que el ingreso mediano de la casa era de 158,000 $ al año, casi tres veces el promedio del ingreso mediano americano.

Aprendimos que esta comunidad está dividida sobre el papel de las mujeres. Esto no es noticia, pero ahora tenemos los números para apoyar los supuestos anteriores: el 53% de los encuestados creen que las mujeres en su comunidad ortodoxa deben tener la oportunidad de ampliar su funciones en el clero; el 37% está completamente de acuerdo con la situación actual y 16% está algo de acuerdo. Y como nos informa el estudio, "este es el tema con mayor división entre izquierda y derecha, sin importar dónde se coloque la línea divisoria".

Respecto a los gays, el estudio evitó las preguntas más duras y solicitó la más fácil: ¿deben ser aceptados como miembros de las sinagogas? La respuesta: en general, el 58% apoya a las sinagogas ortodoxa que en general aceptan a los gays como miembros, con un 12% que se oponen a esto y un 29% "no está seguro". Pero esa es la pregunta fácil, ya que las preguntas reales son sobre el matrimonio gay, la ordenación gay y la práctica pública judía de los gays. Si el estudio hubiera hecho las preguntas sobre estos temas, sabríamos más acerca de otra línea potencialmente divisoria.

La  comunidad ortodoxa moderna americana es un grupo muy exitoso más allá de los ingresos. Tanto es así, que algunos defensores y estudiosos la ven como el mejor ejemplo dentro de los grupos judíos entre los judíos estadounidenses. La profesora Sylvia Barack Fishman de la Universidad Brandeis casi lo ha dicho en varias publicaciones y entrevistas . "La Ortodoxia Moderna", dice/escribe, "es el nuevo modelo del sueño judío americano... Los Ortodoxos Modernos estadounidenses son estadísticamente la población judía más educada y económicamente más exitosa del país, y con mayor frecuencia de relaciones homogéneas".

El estudio de Nishma apoya tales conclusiones de muchas maneras. Pero también destaca su gran deficiencia: los ortodoxos modernos son muy pocos para convertirse en un modelo.

Cuando estudios como éste aparecen, la tendencia de los lectores y periodistas se centran en los árboles y no ven el bosque: representan la conexión emocional más débil con Israel entre los jóvenes judíos ortodoxos; sus bajos niveles de apoyo a una solución de dos estados; las preocupaciones de los ortodoxos sobre el coste de la vida judía (el 89% lo ven como un problema muy serio), el tiempo que invierten en el estudio regular de temas judíos, la alta asistencia a las sinagogas. Y por supuesto, todos estos son los elementos importantes y significativos, los árboles verdaderamente importantes. Es decir, los árboles importantes en un bosque relativamente pequeño. Esta comunidad "representa solamente a alrededor del 4% de todos los judíos norteamericanos, con alrededor de 220.000 adultos ortodoxos modernos en los Estados Unidos". Eso es todo. Un número casi tan pequeño como el margen de error de una gran encuesta.

Esto es algo que debemos recordar cuando dividimos esa comunidad, como lo hizo el estudio, en subgrupos de "ortodoxos abiertos", "ortodoxos liberales", "ortodoxos centristas" y "ortodoxos centristas derechistas" . "Esto significa que la conmoción sobre la brecha entre la ortodoxia abierta y la ortodoxia estándar - una batalla que se presenta a menudo como un momento definitorio para la ortodoxia y para el judaísmo - se centra sobre un grupo de 20.000 a 30.000 judíos. Y en el otro lado del espectro está el grupo con un 11% de centristas derechistas". Es decir, del tamaño de la "ortodoxia abierta". No hay mucha gente.

Seguramente, no todo en la vida gira sobre los números. Grupos que vienen con nuevas ideas, una alta intensidad de participación y unos pioneros dedicados pueden marcar una gran diferencia a pesar de su pequeño número. Pero los ortodoxos modernos representan a un pequeño número no debido a su radicalismo, o a su innovación de vanguardia, sus números son pequeños porque su modelo es difícil de sostener durante muchas generaciones. Es un modelo con una alta tasa de desgaste (mejorando con el tiempo, pero todavía bastante alto). Es un modelo que nuestra época - de polarización y de debilitamiento de todos los grupos centristas - no necesariamente anima.

Los ortodoxos modernos tienen muchos hijos, pero muchos de sus nietos no terminarán siendo ortodoxos modernos. En algunos casos, se moverán hacia la derecha, para llegar a ser ultraortodoxos, en más casos se moverán hacia la izquierda para convertirse en menos observantes, unos más relajados tipos de judíos.

Esto es cierto que los ortodoxos modernos en los Estados Unidos, como también para sus hermanos y hermanas sionistas ortodoxos en Israel, representan a un movimiento con gran energía y vigor, pero con un alto índice de desgaste (el ortodoxo moderno estadounidense y el israelí sionista-ortodoxo no son exactamente iguales, pero comparten muchas similitudes.)

Ahora, imagínense a este pequeño grupo de judíos divididos por la ordenación femenina, por la aceptación de los homosexuales, o por la conexión con Israel o por cualquier otro tema que se les ocurra. Imagínense a este pequeño grupo de judíos dividiéndose para convertirse en subgrupos aún más pequeños del 1% o 2% dentro de los judíos. ¿Puede un grupo tan pequeño ser un modelo para cualquiera? ¿Puede un grupo que apenas puede sostener su propio lugar dentro de una comunidad mucho más grande ser el ejemplo de la supervivencia judía?

De muchas maneras, me gustaría que pudieran. Pero ignorando los hermosos árboles y mirando el bosque, lo dudo.

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Saturday, October 14, 2017

Una calumnia antisemita recibe una nueva audición - Jonathan S. Tobin - JNS



El mes pasado, la ex oficial de la CIA, Valerie Plame, cruzó una línea roja en los medios de comunicación social que incluso los más importantes y liberales medios de comunicación no pudieron ignorar. Plame ganó fama debido a su desenmascaramiento como espía en un momento en que su marido era un crítico prominente de las políticas en Iraq del gobierno de George W. Bush. Pero su estatus como ícono liberal tuvo un gran impacto cuando retuiteó un polémico artículo antisemita que afirmaba que los judíos eran los responsables de empujar a los Estados Unidos a las guerras en el Oriente Medio en beneficio de Israel. Plame defendió el artículo antes de emitir finalmente una disculpa interesada que dañaba aún más su reputación.

Pero el aspecto más interesante de este incidente fue la forma en que algunos críticos de Israel trataron de disociar sus críticas de las emitidas por los partidarios del Estado judío por la invectiva antisemita promovida por Plame. Molly Roberts, del Washington Post, se quejó de que el odio descarado de Plame desacreditaba un argumento razonable contra Israel y sus amigos por jugar a ser los maestros titiriteros de unos desprevenidos estadounidenses.

Mientras casi toda la atención dedicada al antisemitismo en las semanas transcurridas desde el incidente de Charlottesville se había centrado en el odio antisemita de los neonazis y del Ku Klux Klan, Roberts se mostraba descontenta de que la atención generada por Plame cambiara el guión y la dirección, y la redirigiera hacia una "intolerante izquierda", además de socavar su deseo de mantener un debate sobre "el desmesurado papel que Israel jugaba en la política exterior estadounidense".

Pero el problema es que aquellos que critican a Israel y a sus partidarios de esa manera, inevitablemente trafican con antiguos temas o argumentos antisemitas que no pueden ser disfrazados de erudición o de un debate legítimo.

Lo que Roberts parece querer era rehabilitar la tesis del "El lobby de Israel" promovida por los autores John Mearsheimer y Stephen Walt hace una década. En ella afirmaron que Israel y sus partidarios, especialmente el lobby de la AIPAC, estaban comprando los votos de los miembros del Congreso para beneficiar Israel en contra de los mejores intereses de los estadounidenses.

Como suele ocurrir, Walt resurgió esta semana con un artículo en The Forward en el que afirmaba que "la historia nos demostró que teníamos razón" ante las críticas de los portavoces de la comunidad pro-Israel. Señalando el creciente sentimiento anti-Israel a la izquierda, Walt piensa que su posición está de alguna manera reivindicada.

Pero la tesis de "El lobby de Israel" se basaba en dos grandes mentiras:

Una de ellas era que, según Walt y Mearsheimer, el esfuerzo por imponer una agenda pro-israelí a la nación se representaba como una conspiración tan vasta que contradecía la premisa de los autores de que era una minoría la que manipulaba a una mayoría. Como la mayoría de los estadounidenses apoyan a Israel y lo ven como una democracia amiga con valores comunes o similares que son atacados por fuerzas que se oponen a esos principios, la afirmación de que la "cola judía estaba meneando al perro americano" resulta absurda.

La otra es que la naturaleza de los argumentos de Walt y Mearsheimer se basaba en estereotipos antisemitas acerca de los judíos que compraban influencia o manipulaban a inocentes gentiles. El foco en el "lobby" como la mayor fuerza en la política estadounidense también era una distorsión que ignoraba el trabajo de lobby de otros grupos de presión más poderosos. Distinguir a Israel y a sus partidarios de esta manera, implicaba traicionar una agenda que se había construído sobre el prejuicio, y no sobre una defensa de los intereses estadounidenses.

Mientras Walt continúa negando el carácter antisemita de su obra, en su artículo en el Forward cita, entre otras cosas, el surgimiento de la Voz Judía por la Paz, un grupo radical que ha adoptado abiertamente incitaciones antisemitas y antisionistas de la izquierda, como prueba de que su posición era correcta. Él y Roberts ignoran la realidad del conflicto en el que una cultura política palestina rechaza la paz sobre cualquier término, mientras que la destrucción de Israel es el único obstáculo genuino para su resolución.

El contexto para este esfuerzo es importante porque mientras la mayoría de los judíos estadounidenses todavía están centrados en los comentarios ambiguos y errados del presidente Donald Trump sobre Charlottesville, el Partido Demócrata se está volviendo cada vez más hostil a Israel. Después de ocho años durante los cuales los esfuerzos del presidente Barack Obama para presionar al gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu sólo lograron empeorar el conflicto con los palestinos, y su apaciguamiento de Irán acercó a los estados árabes sunitas a la posición de Israel, hablar a estas alturas de un "debate suprimido" sobre la desproporcionada influencia judía resulta ridículo. Pero ahora que tenemos a un presidente que, a pesar de otras faltas obvias, no está obsesionado con la idea de "salvar a Israel de sí mismo" y en reforzar a un régimen iraní que es una amenaza tanto para los Estados Unidos, los Estados árabes e Israel, tal como lo estuvo Obama,

En los 10 años transcurridos desde que se publicó por primera vez "The Israel Lobby", una creciente oleada de antisemitismo ha arrasado por todo el mundo, alimentada en parte por los argumentos contra Israel y los judíos que los Walt de este mundo han ayudado a difundir. Eso representa toda una acusación de su trabajo, no una reivindicación. Aquellos que quieren mancillar a los partidarios de Israel diciendo que socavan los intereses de Estados Unidos y ello sin querer ser etiquetados correctamente como antisemitas, no están engañando a nadie.

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