Sunday, June 18, 2017

No, Mr. Barenboim, el Holocausto no creó Israel - Einat Wilf - Haaretz




Daniel Barenboim es un negador del sionismo. Negación del sionismo es la afirmación emitida en su artículo de opinión ( “Alemania está pagando sus deudas post-Holocausto a Israel. pero no a los palestinos”, del 8 de junio) diciendo que Israel existe debido al Holocausto.

Negación del sionismo es vender la historia de cómo “se otorgó el Estado de Israel al pueblo judío" por el sentimiento de culpa del mundo después del Holocausto. Negación del sionismo es también afirmar que los palestinos son también víctimas de Alemania y de Europa, ya que sin el Holocausto su catástrofe se habría evitado.

El resultado de toda esta negación del sionismo implica ignorar toda la historia del movimiento sionista de antes de la Segunda Guerra Mundial. El negacionista ignora completamente el hecho de que salvo por el aspecto decisivo de la independencia, el Estado de Israel habría existido en la práctica, de hecho, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. El rechazo de la historia del sionismo significa ignorar que el Estado de Israel se levantó por la fortaleza de una visión y por el deseo y los hechos poco comunes realizados por esos judíos con visión de futuro que sentaron las bases de su independencia.

Israel no se “regaló” a los judíos, porque entre otras cosas la última cosa que existía en la agenda de las naciones europeas al final de la guerra mundial era sentimientos de culpa hacia la suerte de los judíos. En algunos países europeos, estos sentimientos empezaron a surgir después de una generación, y de hecho no han existido señales de sentimientos de culpa en otros países hasta hoy. Al igual que en el caso de la India y Pakistán y de otras naciones, no fue necesario el asesinato de un tercio de su población para recibir un país en esos momentos, y es que el pueblo judío ya había obtenido su propio estado al final de la Segunda Guerra Mundial, y no por el Holocausto, sino más bien por otra consecuencia de la guerra, el desmantelamiento del imperio británico.

El rechazo y la negación del sionismo no sólo ignora la historia del sionismo antes de la guerra, sino que también ignora la conciencia sionista de los judíos: el reconocimiento de que los judíos pueden, por la fuerza de su visión, su deseo y su labor de retorno a la historia como agentes activos para dar forma a su futuro en el que no sean víctimas de otros. El rechazo y la negación del sionismo implica que el Estado de Israel se convierta en un “regalo” que se otorgó a los judíos por lo que les hicieron a los judíos, y no por lo que los judíos hicieron por y para sí mismos.

Peor que eso, la negación del sionismo busca hacer volver a los judíos a su “legítimo lugar en la historia de Europa" como "pueblo tolerado" cuyo destino es fijado por aquellos que les otorgarán lo que quieran darles. El rechazo al sionismo implica que Israel - el único caso entre todas las naciones del mundo - en un estado condicionado que únicamente tiene autorización para seguir existiendo mientras aquellos que permitieron que existiera, por gracia suya y no por derecho propio, encuentren necesaria su existencia.

El rechazo y la negación del sionismo también priva a los árabes, y a los palestinos de entre ellos, de su estatus de pueblo con una antigua e independiente cultura, que adopta unas posiciones y unas decisiones que tienen consecuencias. Desde la perspectiva de los árabes, el significado de la aceptación del principio de partición del territorio suponía elevarse por encima de siglos de construcción cultural en la cual los judíos representaban a los seguidores de una religión inferior, que tenía la autorización para existir por la gracia de la mayoría, y por una larga tradición durante el cual sólo era aceptable la coexisntencia con los judíos siempre y cuando ellos reconocieran su lugar como pueblo que no existía realmente, y que no podía ser igual a los musulmanes y a los árabes.

Es cierto que dado que había más árabes que judíos en la Tierra de Israel, los árabes no tenían un incentivo para el compromiso y para dividir esta tierra con el movimiento sionista. Pero el hecho de que desde esta perspectiva tuvieran razones para rechazar el plan de partición, no les exime de responsabilidad por el resultado final. Si hubieran logrado elevarse por encima de su historia y no depender de su superioridad numérica, hubieran aceptado el plan de partición y no se hubieran opuesto a él por la fuerza. El establecimiento de Israel no se habría convertido en un desastre para ellos.

Hay una acusación basada en el mapa de la partición, en el que había una significativa minoría árabe en el Estado judío, que implicaría que la dirección sionista planeó una “limpieza de árabes” en ese territorio, independientemente de su asentimiento a la partición. Esta afirmación ignora que al mismo tiempo cientos de miles de judíos se asentaban en campos de refugiados en Europa y Chipre, a la espera del establecimiento del Estado judío y de la apertura de las puertas a la inmigración. No había así pues la necesidad de una limpieza con base al mapa de partición. Lo que se necesitaba era abrir las puertas a los judíos, una puerta que si no fue por la lucha árabe contra el sionismo antes de la Segunda Guerra Mundial, no se habría cerrado en primer lugar.

El derecho del pueblo judío a tener un país en su propia tierra es un derecho universal que está reservado para todos los pueblos, el derecho a posear su propia autoridad y controlar su destino. Mientras el mundo se divide en unos 200 países sobre la base del principio de la libre autodeterminación de los pueblos y las naciones, el pueblo judío también tiene derecho a eso. Los árabes palestinos también tienen derecho a la autodeterminación en su parte del país entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Sin embargo, su derecho no reemplaza al derecho de los judíos, al igual que el derecho de los judíos no reemplaza al de los árabes.

Cuando los árabes reconozcan que el pueblo judío tiene el mismo derecho a su libre autodeterminación en el marco de su tierra natal que es la Tierra de Israel, sin duda entenderán que tienen que renunciar a su demanda de retornar a todas las partes del Estado de Israel. Entonces sí serán capaces de establecer su país en parte de Palestina, y legislar el derecho de retorno de los palestinos al igual que lo hicieron los judíos, gracias a su visión, a su trabajo y a su determinación.

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